Salmo 40:17 Aunque afligido yo y necesitado…

El Salmo 40:17 «Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensara en mi ayuda y mi libertador eres tú, Dios mío no te tardes» está enfocado en las personas que se sienten agobiadas, preocupadas y cansadas por situaciones en la cotidianidad. 

Decir «Dios mío, no te tardes», es una súplica para la intercepción y el socorro que necesitamos de Dios en nuestras vidas.

Básicamente, está conectada con la fe y confianza en Dios, pues el verdadero creyente dejará sus debilidades y sus mayores ilusiones en las manos de la fuerza divina. 

Aunque se debe tener en cuenta que algunos de nuestros percances son pruebas divinas para medir de nuestra fortaleza y lealtad hacia Dios.

Es en estos momentos de debilidad donde muchos ceden ante las intenciones malignas de Santanas. 

Claro ejemplos, como las personas que toman el alcohol y las drogas como un desahogo,  en vez de buscar y pedir la ayuda de Dios para la liberación de sus males.

Pero el verdadero significado de las pruebas es que en vez de debilitar, son para fortalecer el alma y el amor por Jehová en todas sus expresiones.

Pues ha sido él nuestro libertador en la salvación por nuestros pecados y otros males que habitan en la tierra.

Pero debemos ser fuertes, debemos pedir auxilio hasta que Dios venga a nuestro rescate y logremos la paz.

La palabra del señor dice en el Salmo 40:17 es la espera de un creyente leal en la llegada de la ayuda divina de Jehová para el alivio de sus problemas.

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Salmo 40:17 reflexión y pensamiento

Salmo 40:17
«Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensara en mi ayuda y mi libertador eres tú, Dios mío no te tardes», lee textualmente en las páginas del libro sagrado La Biblia.

En el verso número 12 de David, cuando se encontraba en momentos de profunda debilidad y tristeza en su vida, pedía desesperadamente ayuda a Dios.

Aunque pasó por las pruebas más crudas, siempre sostuvo su mirada hacia el cielo esperando la intercepción divina para la solución de sus problemas. 

Como todo fiel creyente, debe soportar las debilidades hasta que Dios socorra nuestras debilidades. 

Dios siempre asegura que su tiempo es perfecto, por lo que recibiremos su ayuda en el momento justo y necesario.

Decimos que “pensará en mi ayuda” porque el amor del Altísimo es incondicional con todos sus hijos, por lo que siempre será el salvador del mundo. 

Es el libertador, por ser el creador de todo lo que conocemos hoy, es quien toma nuestras manos en los tiempos de lucha y quien nos consuela en el dolor o el duelo. 

Aunque estemos afligidos o preocupados nuestra fe y esperanza deben mantenerse firme, porque en vez de derrotarnos nos debe hacer más fuertes.

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